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Donde doy vida de nuevo a los personajes que me atraparon y me arrastraron a su mundo, uno que sólamente es posible entre las páginas de un libro.
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miércoles, 28 de julio de 2010

La huésped nº 37 - Cap 7 - Presentaciones


Setphanie Meyer creo este maravilloso universo, yo lo tomé prestado y lo amplié.

CAPITULO 7 – PRESENTACIONES

Estábamos en una caverna bastante amplia. Miré hacía el techo, pero la luminosidad me hirió los ojos y tuve que bajarlos al suelo y bizquear bastante para recuperarme.

- Espejos. –Dijo Jaime entre carcajadas– Mola más de noche. Entonces parece que tuviésemos un montón de lunas ahí arriba.

Miré alrededor mientras avanzábamos pegados a la pared. No estábamos solos.

Efectivamente aquella caverna era muy grande y en sus paredes de roca purpúrea y porosa no había oquedades, pero si multitud de agujeros que comunicaban con los túneles adyacentes. Unos grandes y redondeados, otros más pequeños e irregulares. Algunos demasiado angostos para que pudiese pasar un ser humano. Unos parecían naturales pero otros si no hechos a propósito, al menos si habían sido claramente agrandados.

Jaime tenía razón, aquello parecía un vestíbulo con un extenso jardín en el centro.

Había gente en actitud de entrar o salir de algún túnel, además de unos cuantos regantes alrededor del jardín. Me consolé pensando que podía haber sido peor, podrían haber estado todos.

Me preparé para ir enfrentándolos uno a uno. Al primero que vi fue a Ian, estaba a escasos pasos de nosotros. Tenía a una chica morena, bastante risueña diría yo, colgada del brazo. Cuando se dio cuenta de que los observaba, la cogió por la cintura y la atrajo hacía su costado.

No me gustó, no sabía mucho de relaciones de pareja, claro; pero se suponía que no se mantenía más que una a la vez y... ¿acaso él no había abrazado y besado a la rubia menuda la otra noche?. Busqué su mirada con la mía, en actitud recriminatoria, y entonces fue cuando me di cuenta de que no era él. Su expresión era más dura, además parecía algo más mayor y su nariz no era tan recta y perfecta. Sin duda serían hermanos.

- Esos son Kyle y Sol. –Me informó mi acompañante entre susurros– A él no le gustaban mucho las almas antes de conocerla a ella.. –Puso los ojos en blanco– No es que ahora le apasionen, claro; no obstante ese cabeza dura tuvo que admitir al fin que estaba equivocado con Wanda. Sí, fue muy injusto con ella. En cuanto a Sol, aunque no lo admita nunca, creo que le ha acabado robando el corazón.

Llegamos a su altura antes de que pudiese analizar toda aquella información. Entonces ocurrieron tres cosas: Cuando la chica giró la cabeza en mi dirección para mirarme, sus ojos refulgieron con un brillo plateado inconfundible. Casi al mismo tiempo, el brazo que Kyle aún mantenía alrededor de su cintura y la mano de Jaime que apretaba la mía, se tensaron. Era evidente que los tres estaban esperando que saliese huyendo, gritando despavorida. En vez de eso, ya recobrada de la sorpresa inicial, les dediqué la mejor de mis sonrisas. Había encajado las piezas del puzzle. Comprendía las revelaciones de Jaime aunque no estaba segura aún de lo que implicaban para mi caso.

¡Wanda y Sol eran almas! ¡Tenían a dos almas conviviendo con ellos, integradas como uno más!.

Desde que había llegado a aquellas cuevas, mi cabeza se había ido llenando de preguntas, muchas de las cuales no me atrevía a realizar. Ahora mismo sentía una creciente curiosidad por saber como se había producido aquella situación, y también que sólo podía esperar a que Jaime decidiese contármelo. Pero era frustrante comprobar que mientras más cosas me contaba, más preguntas "difíciles" surgían para ser agregadas a la lista.

- Kyle... Sol... –Escuché decir a Jaime a modo de saludo– Os presento a Elen.

No temía a Sol y tampoco volvería a temer a Wanda, eso lo tenía claro. La única razón para hacerlo no tenía ningún sentido allí donde estábamos. Ellas no eran buscadoras y jamás me entregarían a ninguno. Su presencia en las cuevas lo demostraba sobradamente. Así que la miré directamente y la saludé, para hacérselo saber.

- Encantada de conocerte, Sol.

La presión que Jaime ejercía sobre mi mano, se relajó automáticamente cuando ella me dedicó la más dulce de las sonrisas. No pude aguantar la curiosidad. Quería constatar la reacción de Kyle, esperaba que se hubiese sorprendido bastante. Pero primero miré a Jaime. Se había vuelto hacía mí, con la cara radiante de satisfacción. Mi corazón aceleró cuando encontré sus cálidos ojos. De mala gana, me obligué a apartar los míos para mirar al otro hombre.

Se me hizo un nudo en la garganta mientras la sonrisa se me congelaba, pues él ahora sí que me asustaba, y mucho. No sólo no había relajado la postura, si no que me escrutaba con ojos de halcón. Me hacía sentir vulnerable e insignificante. Deseaba desesperadamente salir huyendo, ocultarme de aquella mirada implacable..., peligrosa..., pero no me atrevía ni a respirar. Presentía que cualquier movimiento brusco por mi parte, sería suficiente para desencadenar el ataque.

¿Por qué tanto recelo? ¿Acaso me temía? ¿¡A mí! ¿Cómo era eso posible?. ¡No!. Temía por Sol, sin duda. A él nunca le preocupó que yo me asustase, si no más bien que la atacase. Ahora me daba cuenta. Era algo ilógico para mí. ¿Acaso Sol no estaba con ellos y yo sola e indefensa?. Sin embargo... que sabía yo sobre el comportamiento humano. Bueno... sabía lo suficiente. El miedo desencadenaba en odio, y el odio en violencia y brutalidad. Además eran seres violentos por naturaleza.

Bajé lentamente los ojos al suelo. A pesar del pánico, me di cuenta de que nunca me había parado a considerar que eso es lo que yo era. Humana. Por eso él esperaba esa reacción por mi parte.

¡No! No era como ellos, no lo sería jamás. Yo nunca le haría daño a nadie. Yo... yo... no era un alma tampoco. No podía seguir engañándome, me comportaba como tal, pero en el fondo no era tan... buena, tan... altruista. En el fondo...

¿Qué soy?

¡Menudo momento para una crisis de identidad!.

Tuve que usar toda mi fuerza de voluntad para alejarme de aquellas devastadoras emociones, y dejarlas para más tarde. Si continuaba, pronto sufriría un ataque de ansiedad en toda regla. Ya lo veía venir. Acabaría con un fuerte dolor en el pecho y respirando desesperadamente por la boca. Era lo último que necesitaba. Además, en esos momentos había algo más importante que requería de toda mi atención: JAIME.

Sabía que de producirse una confrontación él me defendería, y yo no quería que aquel hombretón de aspecto brutal le hiciese daño. No soportaría verlo lastimado, y menos por mi culpa. ¿Qué podía hacer para evitarlo? ¿Cómo tranquilizarlo y demostrarle que yo no era ninguna amenaza?

Sólo se me ocurrían dos opciones y ambas podían ser el detonante del ataque, pero no podía quedarme eternamente congelada. La primera era impensable, no tenía sentido salir huyendo. Aparte del echo de decepcionarle, lejos de Jaime no había ningún sitio seguro para mí en aquel lugar.

Inspiré profundamente y le miré de reojo, todavía con los ojos bajos y la cabeza ligeramente agachada.

No se daba cuenta de la actitud de Kyle, porqué estaba centrado en la mía. Me sonrió al percatarse de mi furtiva mirada, tratando de darme ánimos, de reconfortarme.

Suspiré y alcé los ojos hasta enfrentar a los del hermano de Ian. Era de suponer que mis palabras y mi atención deberían haber ido dirigidas a Sol. Pero no era ella la que me obligaba a pronunciarlas, ni su reacción la que me interesaba vigilar.

- Es un alivio poder hablar al fin con un alma, sin tener que preocuparse por ser descubierta –susurré a duras penas, pues la boca se me había quedado seca y el estómago amenazaba con volvérseme del revés de un momento a otro.

Técnicamente no había mentido, cosa que se me daba fatal, aunque aquello tampoco era del todo cierto por dos motivos muy evidentes para mí:

El primero. Yo jamás les había temido a mis padres.

Mis padres. Recordarlos me atenazó el corazón.

El segundo. Realmente no sólo no estábamos hablando, si no que no planeaba quedarme a hacerlo. Simplemente trataba de alejarme de su amenazador y potencialmente peligroso acompañante, de un modo seguro.

Comencé a avanzar deliberadamente lento, arrastrando conmigo al chico.

- Luego nos vemos tíos. –Dijo Jaime, dejándose llevar.

Me costó un mundo controlar los temblores al pasar junto a Kyle, pero no me quedaba otra. Así que lo hice procurando no perderle de vista.

Parecía sorprendido. Más no cambió de actitud hasta que Sol le golpeó el hombre diciendo que lo dejase ya, que era un tontorrónpor asustarme de esa manera.

Nuestra miradas se encontraron y ella me guiñó un ojo, un gesto de complicidad, mientras se estiraba para susurrarle algo al oído al tontorrón. Kyle centro entonces su atención en nuestras manos entrelazadas.

- ¡Así se hace, chaval! –Exclamó– A eso le llamo yo ir rápido.

Clavé la vista en el suelo que se extendía frente a mí y aminoré el paso, sintiendo como el rubor subía por mi nuca hasta alcanzar mis mejillas.

Jaime me acarició con el dedo pulgar el dorso de la mano, trazando varios círculos. Eso hizo que mi corazón se alterase, pues como la noche anterior, ese dedo quemaba mi piel. Le volví a mirar de reojo, notando que él no lo estaba haciendo en ese momento, y vi como ponía los ojos en blanco mirando por encima del hombro, en dirección al hombretón. Después se situó a mi lado y me susurró al oído. La respiración acompañó a mi alocado corazón y la piel se me puso de gallina.

- Eso a estado genial. Sigue así.

Me adelantó y tiró suavemente de mí mientras me esforzaba tratando de controlarme. No quería que él lo notase. Pero me temía que esta vez había sido demasiado evidente.

Unos cuantos pasos más adelante se detuvo para saludar al siguiente grupo.

- Heidi, Lily. ¿Qué tal va eso?.

Las dos mujeres estaban regando el centro de la plaza, cuya mitad empezaba ahora a verdear. La otra mitad presentaba ya un bonito prado de hojas pequeñas y ranuradas.

- Bien. ¿Y a vosotros? – Contestó la que estaba más cerca mientras me echaba una buena ojeada.

Era una chica joven de grandes ojos oscuros, que contrastaban enormemente con su pelo de un rubio casi blanco. Tenía un largo flequillo que amenazaba con cubrírselos.

- ¿Te gustan las zanahorias? –Me preguntó la otra señalando las plantas crecidas–. Pronto estarán listas para la recolección.

Sin duda habían escuchado y observado mi anterior encuentro, y esperaban que también las hablase. No tenían forma de saber que de haber podido escoger no habría abierto la boca. Suspiré angustiada. No tenía nada que decir. En realidad seguía sin querer hablar con nadie, sólo quería ser invisible. Respiré hondo recordándome que acabábamos de empezar. Debía sobreponerme al miedo y la timidez si quería acabar el día dignamente. Además, Jaime me estaba mirando y..., era realmente amable conmigo y..., tan guapo. Ya que no podría gustarle al menos quería caerle bien. Para conseguirlo también debía caerle bien a los demás, porqué eran su gente, su "familia".

Seguramente querría a unos más que a otros. Al no saber que lazos le unían a quien, debería tratar a todo el mundo por igual hasta que lo averiguase. Algún día tendría mis propias preferencias, sin duda, pero hasta entonces estaba decidida a guiarme por las suyas.

Una vez más me esforcé en hablar cortésmente, devolviendo las sonrisas que me dedicaron aquella atlética mujer de piel acaramelada y la menuda chica rubia.

N/A: Con este capitulo vuelvo a retomar esta historía, ya que apenas tenía escrito la tercera parte cuando lo paré.

El proximo capítulo creo que lo llamaré: INTEGRADA

Este quiero dedicarselo a mis incondicionales de Fanfiction Neny Cullen y Abner Vancastle (Gracias por no perderos ni una subida, sea del Fic que sea). A T. por su cumpleaños.

A mis incondicionales del blog "La huesped Kokoro": Melanie, Cramee, Romina, NadiAlejandra, Sharon, Beau Spunt . y a todos los que seguis esta historia y estabaís esperando ansiosos este capítulo.

Gracias de todo corazón. Electrica.

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