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Donde doy vida de nuevo a los personajes que me atraparon y me arrastraron a su mundo, uno que sólamente es posible entre las páginas de un libro.
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jueves, 19 de agosto de 2010

La huesped nº 37 - Cap 06 - Deslumbrada



Como siempre digo, todos les pertenecen a Steph menos mi Elen. Mi huéspe nº 37.

CAPITULO 6 – DESLUMBRADA

Cuando desperté desorientada, no pude evitar encogerme al percibir una figura tan cercana.

- ¡Vaya!. Creía que habíamos superado esa parte anoche.

Jamie estaba sentado en su catre, dándole la espalda al resto de la sala. Al reconocerle me senté, confiada otra vez, sonriéndole.

- Eso me gusta más –comentó en tono alegre mientras deslizaba la mirada hacía la bandeja con comida que estaba a su lado, tratando de que yo la siguiese.– ¿Quieres desayunar conmigo?. Tío Jeb a sido tan amable de traernos esto.

Miré rápidamente por encima de su hombro, pero allí no había nadie más.

- ¡Venga!. No irás a decirme que no tienes hambre, ¿verdad?

La luz del sol procedente de unos agujeros del techo era muy fuerte, así que supuse que debía ser muy avanzada la mañana. Me sorprendió haber dormido tanto y tan relajada. Pero en vez de sospechar nada raro, me sentí culpable.

Jaime alcanzó una de mis manos y colocó en ella medio panecillo rezumante de miel. Cogió el otro medio y lo mordió con deliberada lentitud, mirándome fijamente.

Fue esa mirada, mitad triste mitad expectante, la que me hizo reaccionar e imitar su gesto.

- No te acostumbres a esto –me dijo cuando me limpié los dedos con la lengua al terminar– no siempre se desayuna tan bien.

Me guiñó un ojo y me lanzó una bolsa pequeña de Cheetos, que había mantenido oculta a su espalda.

- Incluso ahora que Wanda nos hace la compra, esto es un lujo –añadió señalándola.

Viendo la duda en mis ojos se encogió de hombros.

- Ya lo entenderás mejor, por ahora sólo te diré que antes de llegar ella, Jared y los otros chicos de las expediciones arriesgaban sus vidas entrando en las casas a rapiñar, o atracando comercios cerrados. Ahora es algo menos peligroso.

Puse los ojos como platos, aquello no tenía sentido, Jaime había dicho que era un lujo para ellos ¡¿Y me lo daba a mí!. Traté de devolvérsela.

- No. Es toda para ti. –Dijo mientras levantaba las manos mostrándome las palmas, como si se rindiese. Después cruzó los brazos fuertemente contra el pecho.

En ese momento recordé que la comida la había traído otro. Tío Jeb había dicho. Debía ser el anciano.

No quería molestar a los demás; y rechazar comida, al parecer un bien escaso y difícil de conseguir para ellos, quizás los ofendiese. Así que abrí la bolsa. Pero de ningún modo me la comería yo sola.

Tomé uno y lo degusté lentamente, al parecer tardaría en volver a disfrutar ese gusto a queso. Después le alargué la bolsa y le hablé por primera vez.

- A medias. Te toca.

Sonrió como si le agradara mi actitud, pero negó con la cabeza.

Suspirando sonoramente dejé la bolsa a un lado y adopte su misma postura, poniéndome lo más seria que pude.

Mantuvimos este duelo de testarudez durante unos minutos, al cabo de los cuales él puso los ojos en blanco.

- Vale, trae acá.

En silencio y por turnos nos los comimos todos. Ambos demorándonos para disfrutarlos. Después me alargó la botella que anoche usara para humedecer la toalla. Bebí un buen trago y se me arrugó la nariz, tenía un gusto extraño.

- Tardarás un poco, pero te acostumbrarás al sabor, ya verás.

Se la devolví y él también bebió.

- Yo ni lo noto –agregó.

Volví a arrugar la nariz.

- Bueno, en realidad lo que quise decir es que me resultaría extraño si no supiese así. Ahora..., a enseñarte todo esto.¡En marcha! ¿Te va a encantar, tenemos hasta un cuarto de baño estupendo!.

Se había levantado de un salto mientras hablaba. Su entusiasmo era contagioso, pero lo que realmente me hizo ponerme en pie fue la mención del cuarto de baño. Aún podía aguantar, sin embargo pronto necesitaría uno.

Se dirigió a la salida, conmigo pisándole los talones. Ni siquiera se paró a comprobar si lo seguía cuando se adentró en el pasadizo.

La luz allí se fue difuminando y pronto la oscuridad nos rodeó por completo. Atemorizada, adelanté una mano buscándolo. Era curioso, hay me asustaba caminar a oscuras por donde ayer no me importo correr.

Me paré en seco, ¡y si no le gustaba que le tocase?. Entonces una cálida mano rodeó mi antebrazo aún extendido, deslizándose hasta la muñeca.

Sentí como una especie de descarga eléctrica bajando por mi columna, mientras mi corazón aceleraba alocado.

Tiró suavemente de mí y continué avanzando, contenta de que en la oscuridad no pudiese verme la cara. Seguramente la tendría completamente roja, pues me ardía.

Doblamos un recodo acentuado, y no pude evitar imaginarme lo que habría pasado la noche anterior si Jared me hubiese dejado llegar a ese punto. Casi pude sentir el dolor.

Recorrimos otro largo trecho en silencio. Lo aproveché para pensar en todo lo que estaba pasando, quizá no tuviese la oportunidad más adelante.

Había sido capturada por humanos que no se mostraban muy hostiles, al menos de momento. Me habían dejado "al cuidado" del más joven, que me trataba de modo amable y compasivo y por él que yo notaba sentimientos fuera de lugar a todas luces, pues al fin y al cabo era su prisionera.

Traté de analizar aquellos sentimientos. No le temía, es más confiaba en él, pero... había algo más..., algo muy fuerte que jamás había sentido antes. Algo que las expresiones gustar o caer bien no parecían suficientes para explicarlo.

Empezó a distinguirse claridad al frente. Él no aminoró el paso y yo tampoco. Al llegar a una zona lo bastante iluminada, aproveché para mirar de reojo su mano sobre mi piel. Quería comprobar el contraste. Fue más doloroso de lo que esperaba. Su piel era de un hermoso tono bronce dorado, yo en cambio estaba demasiado blanca. No le gustaría alguien así. Incluso aunque me hubiera expuesto al sol todos los días, en vez de estar siempre entre cuatro paredes, habría sido demasiado blanca en comparación.

Debió de darse cuenta de mi mirada furtiva, de mi gesto compungido, y mal interpretarlos; pues aunque de mala gana, o eso quise creer, me soltó. Pero también podía haber otro motivo, con luz ya no era necesario mantener el contacto. ¿Por qué iba a querer hacerlo, entonces?.

Me molestaba que no quisiese, pero también estaba molesta conmigo misma por sentir eso. Intenté por todos los medios posibles de convencerme de que era porqué ese contacto me hacía sentir segura. No funcionó. Era cierto, pero no el único motivo.

¿Y si creía que era yo la que no lo quería?. La necesidad de saberlo a ciencia cierta creció en mi interior, anulando todo lo demás. Me arme de valor y sin mirarle tomé su mano, contuve el aliento hasta que sentí como me la apretaba cariñosamente. Suspiré aliviada y le miré de reojo. Él sonreía sin dejar de mirar al frente. De repente se paró en seco y me soltó.

Frente a nosotros se abría un arco inundado de luz cegadora, aunque yo no le presté atención, estaba demasiado confusa intentando comprender y asimilar el montón de emociones contradictorias que me abrumaban. Sin embargo no tuve tiempo de reaccionar, ni siquiera pude considerar si emitía una queja o no, puesto que rápidamente me volvió a coger de la mano, esta vez entrelazando nuestros dedos.

- Vamos allá. –susurró sin mirarme– Recuerda, no hay nada que temer.

No sólo no me moví, sino que tiré de él reteniéndolo. Creía haber oído voces.

Él levantó nuestras manos unidas, para rozar con el dorso de la suya mi mejilla, completamente curada.

- Vamos a entrar en la "gran sala", nuestra plaza mayor, la consideramos así porque de ella parten todos los túneles que conectan el resto de las cuevas. Aquí siempre hay alguien, quizá ya los conozcas, quizá no. De todos modos nos los iremos encontrando a todos lo largo de la visita.

Le miré aterrada. ¿Cómo que quizá no los conozca? ¿Cuántos significaba: "Todos"?.

Jaime me sonrió y me apretó la mano para infundirme confianza, antes de volver a hablar. Para él resultaba evidente lo que debía estar pasando por mi mente.

- Mira, ellos tuvieron anoche una reunión, obviamente no pude asistir, no quería dejarte y que despertases sola. Podrías haber acabado haciendo alguna tontería, como vagar en la oscuridad hasta acabar haciéndote verdadero daño. El miedo siempre resulta un mal consejero.

Pareció esperar algún tipo de respuesta a su última afirmación, así que asentí bruscamente.

- Tío Jeb y yo tuvimos la nuestra mientras dormías esta mañana. Me puso al corriente de lo tratado y pidió mi opinión. –Su sonrisa se ensanchó aún más–. Ambos coincidimos en que lo mejor era que los fueses viendo poco a poco. Según nos los fuésemos encontrando.

- ¿Cuántos...? –inquirí con voz rasposa– ¿Cuántos sois?

Ignoró mi pregunta y continuó explicándome a su aire.

El tío Jeb es..., por así decirlo, el "dueño" de todo esto. Él encontró estas cuevas por casualidad y las fue adaptando. Cuando la invasión se hizo ya más que evidente comenzó a recoger... "huéspedes". –Bufó divertido– Le gusta llamarnos así, sobre todo cuando se disgusta por algo.

- ¿Cuántos huéspedes? –Volví a interrumpirle. Esta vez con voz más clara.

Suspiró. Parecía como si temiese responderme.

- Treinta y seis. –Susurró mientras yo me tensaba más aún– Bueno, en realidad... treinta y siete contigo. Somos treinta y ocho en total si incluyes a Jeb. –Volvió a sonreír mientras pronunciaba la última frase en voz más alta y levantando la cabeza, en actitud orgullosa. –De los cuatro que conocemos, somos el clan más numeroso.

No supe que decir, que pensar. Finalmente decidí que lo mejor era concentrarse en el echo de que, aparte de los que ya había visto, en alguna parte me aguardaban treinta humanos más. Ya me preocuparía más tarde de los que pudiese haber fuera de aquella cueva. Quizá no durase tanto tiempo como para tener que hacerlo. Al admitir esa posibilidad, sentí como se me anudaba el estomago. Pero entonces recordé lo que Jaime había dicho: "Treinta y ocho contigo". Jeb me consideraba otro huésped. ¿Significaba eso acaso que estaba realmente a salvo?. Jaime había dicho que era el dueño del lugar, ¿no?. Lo lógico entonces sería que fuese también el jefe.

- Venga. Se hace tarde y tengo mucho que enseñarte.

Avanzó casi arrastrándome hasta que cruzamos la arcada, después se detuvo para que pudiera acostumbrarme a tanta luz y recrearme en el lugar a mis anchas.

N/A: Este capítulo quiero dedicarselo a todos los que lo estabais esperando. Gracias por eso y por vuestros reviews.

Adner Vancastle, te preguntabas como puede parecerse tanto a una continuación real de Steph. Bueno, quizá porque más que leerla... vivi esta novela (3 veces).

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