Bienvenidos a ELÉCTRICA OBSESIÓN


Donde doy vida de nuevo a los personajes que me atraparon y me arrastraron a su mundo, uno que sólamente es posible entre las páginas de un libro.
EnglishAlemánFrancésEspañolItalianoNetherlandsRusoPortuguésChino SimplificadoJaponés
CoreanoÁrabe

miércoles, 28 de julio de 2010

La huésped nº 37 - Cap 8 - Integrada (1ª Parte)


Escribir no siempre resulta fácil. Ni siquiera lo será para Steph.

CAPITULO 8 – INTEGRADA (Primera parte)

Afortunadamente Jaime no me obligó a saludar personalmente a nadie más en aquella gran sala. Se limitó a ir nombrándolos en voz excesivamente alta, asegurándose de captar su atención en caso de que no estuviesen ya pendientes de cada uno de nuestros movimientos, y saludarlos desde lejos con un gesto de la mano. Gesto que yo imitaba diligentemente.

Supuse que esa actitud se debía a que estaba menos relacionado con ellos. Que era gente fuera de su círculo de amistad. De todos modos procuré quedarme con cada cara y asignarle el nombre correcto.

... Violeta... Peage... Andy...

¿Debería llevar la cuenta para saber cuantos faltaban? . Estaba por volver la vista atrás y contarlos antes de entrar en el túnel, cuando una voz me sobresalto; tanto por lo inesperada como por su cercanía.

- ¡Al fin os encuentro!

Giré de golpe y me encontré con el anciano de la otra noche. Estaba plantado con los brazos en jarras apenas a dos pasos de nosotros.

- ¿Qué jovencito, robándome el puesto de anfitrión?. ¡Debería darte una paliza por usurpador!. –Su cara sonriente y el tono amable y cariñoso de su voz, contrastaban claramente con aquella amenaza, así que no me preocupé–. Sabes que me encanta enseñar todo esto a los recién llegados.

Le estudié atentamente. Al igual que su pelo, su barba rematada en punta y sus espesas cejas arqueadas en un gesto burlón, eran completamente blancas y le daban un aspecto entrañable. Sus ojos, de un azul muy pálido, me transmitieron tranquilidad y seguridad cuando se encontraron con los míos.

Sin alterar ni el tono, ni la expresión, continuó dirigiéndose a mí directamente.

- Buenos días, cariño. ¿Has dormido bien? –no aguardo a mi respuesta, seguro quizá de no obtenerla–. Espero que todos estos se estén portando bien, pero si alguno te molesta dímelo, cielo. – Mientras hablaba hizo un ademán con la mano abarcando toda la gruta.

Instintivamente miré hacía donde estuvieron Kyle y Sol. Fue sólo una fracción de segundo pero... él sorprendentemente lo capto y buscó al destinatario de ese gesto. Sin duda era una persona muy observadora, perspicaz y realmente interesada en que me sintiese a gusto; por lo que , a pesar de que ellos ya se habían ido, me apresuré a devolverle la sonrisa y susurrar una respuesta.

- Todos son muy amables, gracias.

No conseguí engañarle. Sus vivaces ojos se clavaron en los de mi acompañante, adquiriendo un tomo más acerado.

- Supongo que si hubiese pasado algo me lo habrías contado ya, ¿no?.

Jaime me miró de reojo y suspiró. Yo me removí incomoda.

- ¿Y bien? –Inquirió exigente el anciano.

- No pasó nada tío Jeb. Kyle la incomodó un poco, eso es todo –añadió mostrándole la unión de nuestras manos y guiñándole un ojo. –Ya lo conoces.

El anciano asintió y se echó a reír, visiblemente aliviado de no tener que intervenir.

Perfecto... Jaime no solamente se había dado cuenta, como me temía, si no que encima se lo contaría a todo el que preguntase. ¿Es que no podía simplemente eludir la cuestión?.

El calor intenso volvió a mi rostro, por lo que me giré dispuesta a adentrarme en el oscuro túnel tirando de él mientras me empezaba a enfadar por su falta de discreción y mis estúpidas reacciones ante su persona. Como no conseguí moverle, trate de soltar nuestras manos, ahora realmente molesta. No logré mi propósito, más bien el contrario, pues afianzó con más fuerza su agarré y tiró de mí haciéndome retroceder un paso.

Le miré con cara de pocos amigos sin poder contenerme. Él sonrió satisfecho en respuesta a mi actitud, dejándome un poco perpleja. Sin importarle la presencia del anciano, ni que fuese una falta de educación, se inclinó y me susurró al oído.

- Me encanta verte enfadada. Al fin una reacción totalmente humana y justificada.

Y para un desconcierto aún mayor, me beso la mejilla al tiempo que Jeb, naturalmente molesto por el secretismo, carraspeaba haciéndose notar.

Me quedé petrificada. Sí, esa es la forma más acertada de expresarlo. Fue un beso rápido e inocente, sin embargo el roce de sus suaves labios y el cosquilleo de su aliento resultaron devastadores para mis sentidos. Mi corazón galopaba como un caballo salvaje, mis mejillas ardían por el redoblado flujo repentino de sangre que la vergüenza había hecho subir a ellas, mi piel estaba erizada... Todas reacciones involuntarias, actos reflejos... pero yo, el ser pensante y racional, quedé más que ausente. Estaba totalmente fuera de combate.

El tono hosco de la voz del "dueño del lugar" fue lo que me trajo de vuelta, rompiendo la burbuja que me había aislado del mundo.

- ¡Vamos, que no tenemos todo el día!. –Afirmó adelantándonos para sumergirse en la negrura del túnel.

Jeb resultó ser un entusiasta guía. Fue desentrañándome todos los misterios del lugar sin que tuviese que volver a preguntar nada. Jaime se limitaba a seguir sosteniendo mi mano, y a sonreírme cada vez que descubría mis miradas furtivas. Después de su gesto de cariño, no pude seguir molesta con él. Al fin y al cabo no le quedaba alternativa. Su tío, supuse que sería un parentesco real, era la máxima autoridad, por lo tanto estaba obligado a informarle de cualquier altercado que se hubiese producido.

Me mostraron un campo donde el maíz podría fácilmente ocultar a una persona, y otro donde varias personas labraban el duro y polvoriento suelo, bajo un calor sofocante. En realidad toda la cueva resultaba demasiado calurosa. Lo cual me llevó a suponer que estaríamos al mediodía. Que realmente había dormido demasiado.

Finalmente llegamos a una enorme estancia, a juzgar por el reverberarte eco que produjeron nuestras pisadas, donde se oía correr un manantial sulfuro. Lo maldije al instante. El agua corriente siempre me inducía la acuciante necesidad de ir al baño, pero traté de ignorarla a toda costa concentrándome más que nunca en cada palabra del anciano.

Jeb la denominó «los recreativos». Al parecer, disponían de bastantes lámparas como para iluminarla lo suficiente cuando decidían darle tal uso. Tenía el techo bastante bajo en comparación con todo lo que me habían mostrado y estaba muy honda, pues el lardo camino había sido descendente y bastante inclinado. Dudé sobre si sería correcto preguntar a que jugaban allí. Una vez más el simpático anciano resolvió la cuestión al preguntarme si sabía jugar al fútbol.

Lo que no dudé por más tiempo, no podía permitírmelo, fue en manifestar o no la incomodidad que la cantarina tonada del agua corriente desató en mí. Era consciente de que no aguantaría hasta los baños mencionados por Jaime hacía ya tanto tiempo, por muy cerca que estuviesen.

- Tío... –Titubee, no sabía como referirme a él– Jeb... –Comencé de nuevo mientras tiraba tímidamente de su manga. – Señor... – Me corregí acobardada y recordando mis lecciones de educación.

- ¿Si, cariño? –.Respondió dejando entrever en su voz cuanto le agradaba que me dirigiese a él. – Nada de señor. Mi nombre es Jeb. Pensándolo bien, ¿qué tal si me dices tío Jeb?. Me encantaría adoptar una sobrina tan encantadora como tú.

«Y por que no.»–pensé. Era lo suficientemente amable y cariñoso conmigo como para serlo.

La ancha sonrisa que adornaba su rostro, se intensifico tras escuchar mi petición precedida por el tratamiento familiar que me pedía. Me entregó una pequeña linterna, me dio las correspondientes instrucciones y salieron de la gruta proporcionándome la intimidad necesaria. Realmente era estupendo y muy conveniente que aquel riachuelo no fuese potable.

En aquella impenetrable negrura, la linterna apenas conseguía dejarme ver donde ponía los pies. Avancé con cautela guiándome por el murmullo cantarín de las aguas hasta casi acabar metiendo un pie en ellas. Nunca me gustó demasiado la oscuridad. Me sentí enormemente aliviada cuando me reuní con ellos y emprendimos el camino de vuelta hacía la gran plaza, con "su" mano apretando la mía.

Cuando al fin la alcanzamos, no me sorprendió encontrarla vacía. Debían estar comiendo. Eso me llevó a plantearme que estaba impidiéndole hacerlo a tío Jeb.

Jaime me condujo hasta la boca de un corredor, pero luego cambió de opinión, o tal vez recordó que él ya no era el guía, así que se detuvo en seco. Yo avancé un paso más por pura inercia, antes de que su mano me retuviera.

Entonces escuché el murmullo de una conversación animada procedente de aquel túnel. Quienes fuesen avanzaban con rapidez.

- Bueno tío Jeb. ¿Y ahora, a dónde? –preguntó Jaime al mismo tiempo que Jared salía a la luz, justo frente a mí. Traía a Melanie literalmente pegada a su costado, debido al apretado abrazo con el que la sujetaba por la cintura.

Sin apartar los ojos de ellos, me refugié detrás de Jaime.

- Buenos días, pequeña –.Me saludó en un susurro. Sus ojos castaños eran cálidos y mostraban una leve sonrisa– Supongo que tendrá que pasar mucho tiempo antes de que te caiga bien. Puede que nunca llegue a pasar y... lo entenderé. –Suspiró resignado.– Pero aunque me odies eternamente, quiero que sepas que no me arrepiento de haberte traído. Que de haber sabido de tu existencia, habría ido a buscarte mucho antes. Este es tu lugar. Protegida y rodeada por los de tu especie. –Parecía totalmente sincero.– Aquí terminarás de crecer completamente segura, te lo prometo.

Melanie, le besó tiernamente la mejilla mientras yo asimilaba sus palabras.

Viendo las cosas desde su perspectiva, debería estarle agradecida. Más que eso, debería adorarle. Siendo justa, probablemente había alargado mi vida... pero..., también me había arrancado de mi hogar... Por eso una parte de mí, siempre estaría algo resentida con él. A pesar de todo, no le odiaba. No estaba segura de si alguna vez lo había hecho. Era de suponer, aunque no fuese mas que por mera lógica, que así fue. No obstante, el miedo que me inspiró desde el primer momento, era demasiado grande como para darse cuenta de cualquier otro sentimiento o estado de ánimo.

- Jared no te hará daño cariño. –Comentó el anciano, acariciando mi coronilla.

No sentí necesidad de apartarme de ese contacto, muy al contrario agradecí ese gesto cariñoso. Sorprendentemente ya sentía cierto afecto por él. Supuse que en el fondo era normal, al fin y al cabo me trató en todo momento como un miembro más de su familia.

- No debes temerles. –Agregó.

Entonces me di cuenta de que estaba temblando. Las miradas y expresiones de Jared y Mel, se habían vuelto tristes al observarlo. Por encima de sus hombros, las caras de Ian y Wanda, que acababan de hacer su aparición, también mantenían ese mismo gesto.

Pero mis temblores no se debían al miedo. Jared, con sus palabras amables, había logrado lo que Kyle, con su muda amenaza, no pudo.

Me sentía confusa, culpable y victima, agradecida y furiosa, feliz y triste, acobardada y segura... Demasiadas emociones juntas, y por si fuera poco opuestas.

- ¿Wanda? –susurré, clavando mi mirada suplicante en la suya y dando un vacilante paso hacía delante.

Jaime soltó mi mano en cuanto ella hizo lo mismo con la de Ian y rodeo a Melanie. Ambos había entendido el mensaje, mi silenciosa demanda de apoyo.

Sin darme cuenta, como si no fuese yo quien desplazase mi cuerpo, me lancé a sus brazos. Sabía que de algún modo me comprendía. Qué sólo su contacto me reconfortaría. Rodeé su cintura con mis brazos y enterré el rostro en su cuello mientras me acogía amorosamente. Y así, entre sollozos, logré expresar todas las emociones contradictorias que me estaban destrozando, todos mis miedos... A pesar de que los demás habían formado un apretado círculo a nuestro alrededor, estaba segura de que solamente ella lo escucharía todo.

- Shh. Tranquila. Lo sé, lo sé –canturreó en cuanto las palabras fueron ahogadas por el llanto, volviéndose totalmente incomprensibles.

Sus pequeñas manos me palmeaban la espalda con ternura mientras su camiseta se iba empapando. Ella era más baja que yo, lo que me obligaba a permanecer un poco encorvada. No era una postura muy cómoda, y los músculos de la espalda pronto protestarían con dolorosas punzadas, pero aún así deseaba no deshacer jamás aquel abrazo. Ahora que comenzaba a serenarme, me avergonzaba mi comportamiento un tanto infantil. No quería encarar la mirada de nadie, y menos la de Jaime. Sin embargo me forcé a hacerlo. Todavía me quedaban gente y lugares por ver. Cuanto antes volviésemos a esa tarea, antes terminaríamos. Después, con un poco de suerte, tal vez me permitiesen esconderme en algún lugar.

N/A: Dedicado a mis adorados Abner y Neny ¡Feliz cumple amiga! ¡Te quiero hermanito!

Gracias a todas las que supisteis no meterme presión y confiasteis en mí.

Electrica.

No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada

Tú opinión es importante... ¿Me la dices?.