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Donde doy vida de nuevo a los personajes que me atraparon y me arrastraron a su mundo, uno que sólamente es posible entre las páginas de un libro.
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jueves, 19 de agosto de 2010

La huesped nº 37 - Cap 04 - Humanos



Todos los personajes (menos Elen) y las cuevas le pertenecen a Stephanie Meyer.

CAPITULO 4 – HUMANOS

Lo primero que sentí fue una fugaz presión cálida en mis manos. Acontinucación escuché un susurro.

- Elen, ¿puedes oírme?

No reconocí la voz. ¿Dónde estaba? ¿y mis padres?.

Me sentía aturdida y me costaba trabajo pensar, pero al percibir el olor a moho del ambiente, presentí que debía recordar algo importante.

- Cariño, abre los ojos.

- Emplea el despertador.

Alguien me estaba incorporando.

El olor a moho cambió por el de pomelo y mi mente de despejo de pronto. No me llamaban a mi, sino a ella.

Presté atención haber si la notaba. No me sentía extraña, ni desplazada, ni nada por el estilo. Eso me asustó todavía más, ¿y si eso era desaparecer?.

Sentí un fuerte dolor en el pecho, causado no sólo por mi situación actual. Si eso era desaparecer, mis "padres humanos" llevaban todo este tiempo viéndome crecer impotentes.

Sufriendo por no poder consolarme cuando lloraba, por no poder hacerme reír... por no ayudarme en los primeros pasos... darme consejos... , pero lo peor para ellos sin duda habría sido ver como les demostraba cariño a... era tan confuso y doloroso tratar de hacerse a la idea de que había dos personas en cada uno de ellos.

Desde mi noveno cumpleaños había llegado a quererlos y extrañarlos en secreto, debía ser así para no lastimar a Papá y Mamá, para que no se negasen a contarme sus recuerdos. Esos recuerdos era lo único que quedaba de ellos. Al menos eso creía yo hasta ahora.

Noté una cálida mano sujetándome la espalda.

- Creo que esta fingiendo.

- Es lógico, estará muy asustada.

La voz amable del buscador llamado Ian me lleno de ira.

Mis manos se cerraron en fuertes puños sobre mi regazo. ¿Eso lo había hecho yo? ¿Era capaz de controlar mi cuerpo?.

Decidí abrir los ojos y estos respondieron.

Escuché claramente rechinar la arena del suelo, cuando quien estaba frente a mí se incorporó, suspirando.

Cuando conseguí enfocar, lo identifique sin ninguna duda como el sanador. Traté de alejarme, pero alguien me rodeo los hombros mientras me palmeaba los puños.

- No. Todo esta bien. Doc es buena gente.

Me giré sobresaltada y me encontré encarando a una joven menuda.

Parecía un ángel de bucles rubios y ojos grises. Pero no le permití embaucarme con su aspecto inofensivo, acentuado por el montoncito de pecas doradas sobre el puente de su naricilla. Era una de ellos y por tanto mi enemigo.

Contuve mis impulsos de deshacerme de su contacto. Mejor que pensasen que estaba resignada y sería sumisa.

Paseé la mirada a mi alrededor, para evaluar la situación. Era consciente que muchos ojos estaban fijos en mí, pendientes de cada uno de mis gestos, y quería comprobar cuantos de ellos me cercaban ahora.

Reconocí a Ian, demasiado cerca para mi gusto, al costado de la chica que me abrazaba débilmente. Frente a mí estaba el que habían llamado Doc, el sanador. Al otro lado, un poco más apartado, había un hombre mayor de pelo y barba blanca con los ojos azul claro y una sonrisa risueña, aunque algo enigmática.

Jadeé por la sorpresa al descubrir detrás de él a un adolescente desgarbado muy tostado por el sol. El pelo intensamente negro, le caía lacio hasta los hombros.

Me sonrió tímidamente. Sus ojos prendieron los míos, y muy a mi pesar le devolví la torpe sonrisa mientras mi corazón se aceleraba.

¡Estúpida!Me increpeno has aprendido nada.

Me obligué a bajar la mirada, pero me moría de ganas de volver a ver aquellos ojos del mismo tono que los míos.

De que te sirve pensar que es guapo. ¿Acaso no es uno de ellos? ¿Acaso no esta esperando para conocer al alma que te han insertado?. Quizá incluso fuese su pareja de otra vida.

Este pensamiento rompió el embrujo y me devolvió bruscamente a la realidad.

- ¿Estas bien? –interrumpió mis reflexiones la chica. Ambas estábamos sentadas en un catre.

- Sí –susurré.

Desde luego no era una mentira exactamente. Físicamente me encontraba perfectamente.

Volvía a recorrer la estancia, esta vez más allá de mis captores. Aún estaba en la misma sala. Justo frente a nosotras se encontraba el arco de piedra.

Un carraspeo a nuestras espaldas me sobresaltó y miré bruscamente sobre nuestros hombros.

El escritorio, ahora vacío de sus instrumentos, había sido alejado de los catres. Apoyado en el, con los brazos cruzados sobre el pecho, reconocí a Jared. Levantó la mano a modo de saludo, igual que en el callejón, y no pude contener un escalofrío.

Todos debieron percibirlo, pero eso no me preocupo. Mis padres me aseguraron que el primer recuerdo de un alma, siempre era el último de su anfitrión, así que esa reacción seguramente les parecería comprensible.

Junto a él había otra chica. Esta tenía la piel muy bronceada y el cabello largo y oscuro, parecía muy sedoso.

Siete, eran siete en total. El ánimo se me vino a los pies. Uno sólo ya me habría parecido bastante malo. ¿Cuánto tiempo conseguiría engañar a tantos?.

- Bueno –intervino el sanador– creo que será mejor dejarla descansar y tranquilizarse un poco.

Jared se incorporó y comenzó a caminar en nuestra dirección, seguido de su acompañante. Los demás también se movieron, por lo que les volví a dedicar otra vez toda mi atención, ya que eran más numerosos.

En vez de retirarse hacía el arco, como cabría esperar de las palabras pronunciadas por el sanador, se limitaron a alejarse hacía la pared de mi derecha. Parecía como si fuesen a deliberar allí mismo.

Mi acompañante no se movió lo más mínimo.

- Me llamo Wanda –me susurró.– Yo me quedaré contigo, no temas.

Miré hacía el oscuro túnel más allá del arco mientras balanceaba las piernas al borde del catre, parecían responder bien. De reojo constate que Jared y la chica se habían unido ya al grupo. Nadie me miraba, ni siquiera la rubia sentada a mi lado. Momentáneamente su interés se había centrado en aquella reunión.

Agudice el oído, pero no escuché nada más allá de los susurros procedentes de aquella reunión.

Inspiré profundamente. Con gran destreza y sin esfuerzo, me deshice del abrazo de mi acompañante poniéndome de pie de un salto. Luego corrí con la agilidad de un gamo hacía la salida.

- ¡No! ¡No! ¡Detente! –Oí gritar a alguien a mis espaldas.

No habría corrido apenas medio metro por el oscuro túnel, cuando el crujido de la graba detrás de mi me indicó la posición de mi perseguidor. Demasiado cerca.

Apenas medio metro más allá, sentí un fuerte golpe en la espalda que me derribo. A pesar de anteponer las manos, el rugoso suelo me rasguño la mejilla izquierda cuando algo muy pesado, su cuerpo supuse, amenazó con aplastarme. Casi no podía respirar.

Ya no se oían pisadas apresuradas, así que seguramente los demás aún ni habían reaccionado.

Me alivió algo de su peso, al parecer lo justo y necesario para poder voltearme con manos firmes. Después noté como se sentaba a horcajadas sobre mi tripa, inmovilizando mis brazos con sus rodillas. Durante el proceso ni siquiera logré arañarle.

Ahora sólo podía patear el suelo y tratar de contorsionarme inútilmente bajo su cuerpo.

- Espera. Mira, espera.

Todo estaba oscuro y por tanto no podía verle la cara, pero supe enseguida quien era. Reconocería esa voz en cualquier parte. Si hubiese conseguido escapar, habría formado parte de mis peores pesadillas por siempre jamás. Jared.

Sentí como se movía sobre mí, como si buscase algo en su bolsillos.

Seguramente mi patético intento de fuga ya había despejado sus dudas. En cuanto encontrase el spray, todo habría terminado definitivamente.

Me preparé para oler a frambuesas por última vez. En realidad para oler y sentir cualquier cosa por última vez.

¿Pero que sabía yo de su comportamiento en tales casos, salvo lo que me habían contado dos dulces y pacificas almas que jamás se habían enfrentado a esta situación?. Quizás a estas alturas, los buscadores dieran por perdidas definitivamente a sus gentes y lo que sentiría fuera el filo de una navaja cortándome el cuello, o cualquier otro tipo de arma más sofisticada.

Mi corazón golpeaba fuerte contra las costillas y mi mente recreó dos caras siempre amables y dispuestas a sonreírme.

Escuché pasos apresurados acercándose desde el fondo, agradecí que no los acompañase ninguna claridad.

Perfectopensé con sarcasmo– tendré público en mi final.

De pronto sonó un pequeño clic metálico y un débil haz de luz surgió frente a mi rostro.

- ¡Mírame, pequeña! –Me ordenó Jared, y dirigió el haz a su propio rostro.

Sus ojos brillaron con un destello idéntico al que lo harían los míos. ¿Dónde estaba el fulgor plateado?.

- Soy humano, ¿ves? ¡Soy como tú!.

Me quedé quieta. Paralizada. ¿Humano? ¿Era eso posible?.

Por encima de su hombro una mano alcanzó la linterna. Él no opuso resistencia y se la entregó a quien fuese.

- Me llamo Melanie, también soy humana.

El haz de luz iluminaba el rostro de la chica de cabello largo y oscuro.

- Humanos –sollocé.

Humanos rebeldes, ¿acaso eso la hacía mejor?. No, rotundamente no. Yo también tenía a los humanos. Para mí eran unos monstruos, una especie de "hombres del saco"; pues aunque siempre me resistí a creer en su existencia, en que quedase alguno, en los últimos tres años había escuchado las suficientes historias acerca de sus terribles actos de violencia, tanto en boca de mis progenitores como a través de la televisión, como para que se hubiesen añadido a mis cotidianos temores a ser descubierta por las almas.

Historias de mutilaciones... asesinatos... torturas... acudieron a mi memoria. Gemí y no pude contener las lágrimas. Definitivamente esto sería mucho peor para mí.

- Correr a oscuras por una cueva desconocida, no ha sido muy inteligente por tu parte, ¿no crees?. –La voz de Jared no era demasiado dura, pero de todos modos traté de encogerme. Como aún seguía sentado sobre mí, no pude.– Lo menos que te podía haber pasado era chocar contra las paredes de roca.

No respondí. No podía.

- ¿No te recuerda esto a algo? –El tono de Melanie era jovial

Jared pareció pensativo y entonces rió con ganas.

- Si, ahora que lo dices... ¡Ya lo creo que sí!.

Se me helaron los huesos. ¿Cuántas victimas habría derribado a la carrera e inmovilizado de este modo?.

N/A: Diganme que les parece hasta ahora.

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